Solas, borrachas y peleadas


Irene

Viñeta de LINDA GALMOR

Por Jesús Lillo (ABC) / Leído en «Cosas d euna bailarina» / Con esto de la reasignación de la estación de Atocha -ahora Almudena-, el feminismo corre el riesgo de dividirse aún más y quedar parcialmente, valga la redundancia y el despiste, en la catedral de Madrid para emprender por separado la marcha del 8-M, según la metodología clásica de las columnas revolucionarias.

A Irene Montero, caudilla por la gracia de Iglesias, se le ha ocurrido convertir el pasacalles de este año en un ‘No a la guerra’, sin explicitar si hay que ir contra la guerra de Sánchez, la de Putin, la de Zelenski o la de la Yolanda, por no ir más lejos. Con el PP lo tenían más claro.

La guerra ahora es una abstracción sin apellidos que oculta la contradicción de estar en un Gobierno militarista y sumiso a la OTAN y no dimitir.

La Alianza contra el Borrado de las Mujeres -facción sociofeminista, de corte ortodoxo, planta de señoras, sección de rebequitas, enfrentada al gatuperio genital de Montero- acusa a la ministra de Soledades y Borracheras de sacar la pancarta del ‘No a la guerra’ para tapar las vergüenzas de su ofensiva contra el feminismo de toda la vida, sin percatarse de la cantidad de causas extrasexuales -anticapitalismo y derivados- que tradicionalmente han confluido en una cabalgata en la que las mujeres no pasaban de ser figurantes, rehenes y excusa de un desahogo muy transgénero, más sectario que anatómico.

Jesús Lillo ( ABC )

viñeta de Linda Galmor

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