¿Atentado o fraude? Dudas en Argentina sobre el inverosímil ataque a Fernández de Kirchner


Las extrañas circunstancias del hecho y la historia del peronismo empujan a muchos argentinos a no creer la versión oficial sobre el atentado.

Argentina

Simpatizantes de Cristina Fernández de Kirchner en una movilización tras el supuesto atentado en su contra. | EFE

LOS RÁBANOS POR LAS HOJAS / Las últimas noticias que llegan desde Argentina sobre el supuesto intento de asesinato de Cristina Fernández de Kirchner son sobre el registro de la casa del detenido: se han encontrado un centenar de balas y se ha requisado un ordenador.
Un registro que se ha producido de una forma peculiar: según cuenta La Nación la policía irrumpió en un domicilio que supuestamente era el del detenido, Fernando Andrés Sabag Montiel, pero fue un error y la supuesta casa de Sabag sólo se localizó después de que una persona se presentase en comisaría asegurando que le había alquilado un piso desde hace ocho meses.
Es el último aspecto sorprendente de un caso que desde el primer momento resulta tan lleno de detalles difíciles de creer que no pocos piensan que, en lugar de un atentado, se trata de un montaje creado desde el propio peronismo para trastocar la arena política tras el reciente juicio a Fernández de Kirchner y a la espera, o para tratar de evitar, la muy probable condena.
El periodista argentino Alejo Schapire contaba en Twitter cómo esta sospecha está bastante generalizada en el país.

¿Suerte o montaje?

Lo cierto es que o bien estamos ante una escena totalmente preparada o Fernández de Kirchner puede considerarse una de las personas con más suerte del planeta: según Clarín la Policía asegura que el arma usada en el intento de asesinato estaba en perfecto estado y llevaba cinco balas en su cargador.
Sin embargo, aunque nada está probado por el momento, para muchos la situación es extremadamente sospechosa y hay varias razones para ello, la primera de las cuales es el increíble fallo de seguridad que ha permitido al agresor llegar con una pistola a sólo unos centímetros del rostro de Fernández de Kirchner.
Pero no es lo único extraño: incluso después de que Sabag Montiel blanda su pistola en el mismo rostro de la vicepresidenta su servicio de seguridad no parece reaccionar de forma apropiada: Fernández de Kirchner sigue en pie, no es desalojada, no la meten en el coche que tiene inmediatamente detrás, nadie la cubre por si hay un segundo tirador y ninguno de sus escoltas desenfunda su arma…
Es más, una vez detenido el sospechoso, las imágenes muestran que la mandataria siguió saludando a sus seguidores como si nada hubiera pasado, tocando, firmando autógrafos e incluso abrazando. En un momento dado se pone de pie sobre la puerta de un coche para saludar a los presentes, colocándose por encima de todo su servicio de seguridad y ofreciendo un blanco perfecto a otro posible tirador.
Hay que recordar que en el momento en el que se graban esas imágenes se acaba de detener al sospechoso pero, como es obvio, es imposible saber si actuaba en solitario o era parte de un plan más amplio con más implicados.
Y es que todos hemos visto en la vida real y en la ficción más realista como, cuando hay una amenaza a una persona protegida como la vicepresidenta argentina, se desencadena un protocolo de seguridad que lógicamente empieza por sacar a la persona amenazada del escenario de la amenaza. Como ven, nada de eso ocurre aquí.

La extraña personalidad del atacante

Fernando Andrés Sabag Montiel es el hombre que ha sido detenido es un personaje marginal que puede ser un loco con ansia de fama o el último engranaje en una conspiración teatral, pero que desde luego no es un terrorista concienzudo.
Desde el primer momento se han destacado sus tatuajes y su página de Facebook que le conectan con la ideología nazi. Brasileño, de 35 años y pobre –se supone que vivía en un estudio de 15 metros– además de balas en su casa se han encontrado montones de basura, un inodoro atascado, la bañera rota, vajilla sucia, numerosas bolsas de patatas fritas y una colección curiosa de objetos como lencería femenina, consoladores y un látigo de imitación de cuero negro, siempre según el relato de La Nación.
Sebag Montiel tenía muy poca vida social y coleccionaba algunas apariciones televisivas en las que, por ejemplo, pedía la extradición de los extranjeros, cuando él mismo tiene la nacionalidad brasileña.
Un supuesto «mejor amigo» del atacante ya ha parecido en la televisión para dar por hecho que se trataba de algo planeado: «Se nos cayó toda la teoría de que era armado hasta que le vimos la cara», decía en una extraña entrevista de la que se hace eco Clarín. «Yo creo que su intención original era matarla, pero lamentablemente no ensayó antes», dice en un descacharrante momento el supuesto amigo.

El peronismo se echa a la calle

Los que lo conocen aseguran que el peronismo es capaz de cualquier añagaza o incluso de cosas peores y la vida pública argentina no anda escasa de hechos oscuros en los que se vislumbra a implicación de un poder sin el más mínimo escrúpulo: las maniobras para encubrir a los culpables del atentado de la AMIA o el supuesto suicidio del fiscal que las investigaba, Alberto Nisman, son ejemplos de ello. Y más aún lo es que el mismo presidente Alberto Fernández usase el caso para amenazar muy poco veladamente al fiscal Luciani, responsable de la actual investigación contra Fernández de Kirchner.
Ya antes de este supuesto atentado desde el peronismo y el Gobierno argentinos se estaba buscando una situación de conflictividad social tras la que parapetar a la vicepresidenta, tratando de impedir una condena judicial.
Las amenazas a los jueces y a los fiscales eran moneda común, así como las acusaciones de Lawfare eran más que habituales. Este mismo viernes el presidente ha vuelto a lanzar acusaciones contra la oposición, los medios de comunicación y, de nuevo, el poder judicial.
En este contexto hay que recordar la advertencia que la diputada Victoria Villarruel hacía en esRadio, asegurando que a Kirchner «le viene bien que el clima se ponga más violento para continuar ejerciendo su influencia. Estos son los coletazos que estamos viviendo en Iberoamérica con el socialismo del siglo XXI».
Este intento de atentado resulta una fórmula propicia para dicho propósito y, de hecho, el peronismo se está ya echando a la calle animado desde la presidencia de la nación, que increíblemente ha declarado el día como festivo en Argentina para que sus seguidores no tengan problema en manifestarse.

El uso político de supuestos atentados o amenazas

Los supuestos atentados o las supuestas amenazas vertidas o reveladas en momentos estratégicos no son una novedad en la política, han existido al menos desde el pasado siglo XX y tienen muchas formas.
Operaciones más sencillas y meramente propagandísticas han sido moneda común en la política española desde hace un tiempo, todas vertidas desde la izquierda. El asunto llegó a su paroxismo durante la campaña electoral de las pasadas elecciones en la Comunidad de Madrid, en la que se hicieron públicas diversas supuestas amenazas a ministros y líderes de Podemos tratando de culpar de ellas a Vox y a los medios de comunicación.
Es el mismo método que han seguido los peronistas en argentina y sus apoyos en España, que se han lanzado a una campaña de señalamiento de medios y jueces para defender a su aliada, la corrupta Fernández de Kircher.
Por cierto, año y medio después de que todos aquellos casos de ‘gravísimas amenazas’ no se ha tenido noticia de ninguna investigación policial concluyente que las dote de verdadera identidad.
¿Quién quiere matar a Kirchner ahora?
Por último, aunque no hay que descartar que Sabag Montiel sea un loco que actúe impulsado sólo por su locura, hay que poner otra duda sobre la mesa: si bien es cierto que una buena parte de Argentina odia meticulosamente a Fernández de Kirchner –y tienen buenas razones para ello: les ha robado y los ha arruinado– si se analiza con lógica: ¿quién querría matarla ahora?
La todavía vicepresidenta ha sido desacreditada por los fiscales en el juicio que se sigue contra ella delante de todo el país, ha quedado contundentemente probadas las acusaciones de corrupción y es muy probable que en el plazo de unos meses sea condenada hasta a doce años de cárcel.
Nadie que odie a Cristina Fernández de Kirchner, ningún enemigo del peronismo, desearía evitarle a la mandataria esa humillación pública y ese golpe terrible al partido, y más aún en vísperas de un enfrentamiento electoral –hay presidenciales en 2023– en el que todas las encuestas señalan que la derecha parte con una notable ventaja.
Tal y como no se sabe nada aún del supuesto suicidio de Nisman hace ya más de siete años, es muy probable que tardemos muchísimo tiempo en saber la realidad de lo que ocurrió este lunes en La Recoleta, si es que algún día llegamos a saberlo, pero una parte muy importante de la sociedad argentina tiene muy serias dudas ya y la operación de beatificación de la mártir Cristina no le va a ser nada fácil al peronismo.

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