Trompetas de venganza contra Fernández Mañueco


No es justo que gente de valía como Begoña Villacís, Edmundo Bal, Verónica Casado, Carlota Amigo o Paco Igea puedan acabar su carrera política por montarse en el caballo equivocado.

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Francisco Igea, de Ciudadanos, y Fernández Mañueco, del PP y presidente de la Junta de Castilla y León.

Por Jesús Salamanca Alonso / Llevo varios días siguiendo las declaraciones de Francisco Igea en los medios de comunicación y rezuman resentimiento por los cuatro costados. Garantiza que Fernández Mañueco no será presidente de Castilla y León si depende de su formación. Sabido es que las encuestas dan a Ciudadanos entre un procurador (en Castilla y León son procuradores) y ninguno.

El día 13 de febrero sabremos cuál es la encuesta verdadera. Su partido no volverá a aliarse con el Partido Popular y menos con el incendiario Mañueco. Lo de «incendiario» es cosa mía, no de Paco Igea. «Garantizo dos cosas: eso, y que todos somos mortales», dice el exvicepresidente. No soporta que le hayan quitado el sueldo, el cargo y la autoridad, si es que alguna vez la tuvo.

Deseoso estoy de que empiece la campaña electoral. Supongo que veremos a un encendido Francisco Igea, pero seguro estoy de que hará propuestas, cosa que ni PP, ni PSOE, ni la extrema izquierda han hecho otras veces. Tanto en Castilla y en León como en Murcia y Madrid, los líderes de Ciudadanos estaban trazados con el mismo patrón. Hay sed de venganza política. Todos contra Fernández Mañueco.

En las dos últimas comunidades citadas les cortaron los espolones por traidores y en Castilla y León todos niegan la mayor. Algunos se sentían dueños del cortijo de la Junta y no dudaron en ignorar al presidente y a la institución para negociar aspectos concretos de los presupuestos con la formación Por Ávila. Nadie sabe quién dio el chivatazo, si es que lo hubo, pero sólo faltó ponerlo en el tablón de anuncios. Y sucedió. Al inicio de la semana siguiente, el mismo lunes, Damocles bajó la espada y Mañueco anunció ceses y nuevas elecciones.

Dicen que «mal hombre es aquel que sabe recibir un beneficio y no sabe devolverlo». Lo mismo pasó en Madrid con Aguado y en Murcia con varios cargos de Cs. No olviden que las traiciones las inició Alberto Rivera apoyando al PSOE contra Mariano Rajoy. Inés Arrimadas «aterrizó» en territorio nacional y abandonó Cataluña, donde no fue capaz de intentar la formación de Gobierno, prefiriendo la comodidad del escaño español en vez de defender sus ideas en Cataluña.

La ciudadanía tiene menos confianza en Ciudadanos que honradez tenía el PSOE en 1934. No es justo que gente de valía como Begoña Villacís, Edmundo Bal, Verónica Casado, Carlota Amigo o Igea puedan acabar su carrera política por haberse montado en caballo equivocado, con una muy mala presidencia en el partido y dando tumbos en función de las prebendas. Es un hecho que el PSOE-CyL no ha dejado de desestabilizar a la veleta naranja.

Reitera el exvicepresidente, Francisco Igea, que «nunca jamás» votará a Mañueco para que sea investido presidente tras aquel fatídico 20 de diciembre, momento en que el exalcalde charro destituyó a todos consejeros de la formación veleta y convocó elecciones. Una destitución que hizo quedar en ridículo al propio Francisco Igea, dado que estaba en plena entrevista radiofónica cuando recibió la noticia y él acababa de afirmar lo contrario.

¿Fue idea de Pablo Casado y Teodoro García Egea lo de convocar elecciones anticipadas? Lo fue, doy fe, a pesar de que Alfonso Fernández Mañueco diga que nadie le empujó a ello. ¡Y dos huevos duros, muchacho! Inés Arrimadas coincide en la misma afirmación. Y coincide por dos motivos: el afán de protagonismo para tapar la victoria de Díaz Ayuso, quien ya le superaba y supera en todas las encuestas (ver sondeo de El Correo de España y otros medios), y desviar la atención de la investigación judicial que recae sobre Mañueco y el PP de la comunidad.

Mañueco ha tenido miedo a la transparencia. También tiene miedo a que se le acuse de abandono del empleo en la comunidad que preside, además de la nula creación de infraestructuras empresariales, la huida de la juventud a comunidades con más futuro y a que se le apunte con el dedo por ser un eslabón más de la España vaciada a la que tanto ha contribuido su partido, desde los tiempos de Aznar hasta la actualidad. Y no me digan que no es así cuanto constato en el párrafo anterior porque lo viví en primera fila y persona. Sabido es que el Partido Popular silencia torticeramente a quien le pisa el terreno y le desarrolla ideas innovadoras.

Por cierto, a pesar de las palabras de Paco Igea, éste no apoyará a Fernández Mañueco, pero se lo pensará si el incentivo es irrechazable. Se suele decir que el tiempo es el médico de las fatigas. Algunos, por tres aceitunas y un candelabro, arrastran el culo por un zarzal.  Veremos por dónde sale Tudanca; me refiero al candidato, no a la raza de ganado vacuno, ni al municipio cántabro del mismo nombre.

Pedro Sánchez «El mentiroso» le ha hundido la campaña de forma miserable a Luis Tudanca, candidato socialista. Y lo ha hecho con sus tropelías, falsedades, negligencias, nefasta gestión y egoístas pactos con terroristas, nacionalistas e independentistas. No le arriendo las ganancias. Todos contra Fernández Mañueco. Al tiempo.

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