La Cruz de Cuelgamuros


Panorámica con la Cruz de Cuelgamuros al fondo. En su Basílica estuvo enterrado el Caudillo, Francisco Franco, hasta que Sánchez cometió la tropelía, exhumación y saqueo de su tumba.

Por Gil de la Pisa Antolín / EL CORREO DE ESPAÑA / Desde hace mucho tiempo  deseo escribir sobre el tema  y  no encuentro el momento de hacerlo  por una razón u otra. Hoy me he plantado y me he dicho, ¡ahora o nunca!

El título  ya lo sugiere: ¡no voy a escribir sobre el “Valle de los caídos”!, sino, exclusivamente,  sobre la Cruz de Cuelgamuros. En otro momento lo haré  sobre ese complejo maravilloso legado por el Caudillo  como prueba de la grandeza de alma del mejor estadista de los últimos quinientos años pero, hoy, el foco se centra únicamente en la Cruz. Por su altura es visible desde varias decenas de kilómetros a la redonda,  de tal modo que trastorna las digestiones del ex “Coletas” y de su pareja pues,  sin gran esfuerzo.  pueden disfrutarla desde su casoplón.

No pretendo comentar las características de la Cruz, ni sus medidas, ni la forma como fue construida,  mi objetivo como español y católico, se limita a  dejar constancia del modo como ningunean a España y todo lo español,  los responsables de la información y de la comunicación entre los miembros de la Iglesia de Cristo. ¡Ni que fuéramos parias a sus ojos!.

Dios me hizo la gracia de poner mi educación en manos de maestros excepcionales, que sentaron en mí, las bases para  no perder el rumbo en el camino de la vida y entre las cosas que aprendí está la “universalidad del catolicismo” –y perdonen la redundancia—. Como católico me enorgullece todo cuanto da esplendor al catolicismo ya sea japonés o  australiano, alemán o congolés, etc.,  –no digamos ya, si es mejicano, argentino o filipino…— y,  en consecuencia,  me hace feliz conocer todo lo que honra a  nuestra Santa Madre la Iglesia en cualquier parte del globo terráqueo.  Por esa misma razón me hiere y me fastidia, comprobar el ninguneo de los responsables de la información y la comunicación de nuestra Santa Madre la Iglesia cuando se trata de España y lo español.

Y no es por tener “la piel fina”; simplemente,  es una reacción cuando es patente la ignorancia de eso señores, sin duda ilustrados y con estudios,  sobre lo mucho que nuestra Patria ha hecho por nuestra santa Fe,  especialmente  en los últimos trece siglos.

Mi sangre se excita cuando en los referencias utilizadas  por los medios de comunicación eclesiásticos y católicos,  aparecen imágenes, ciertamente merecedoras de difusión,  como el Cristo del Corcovado,   que  cobija la ciudad de Río de Janeiro, del mismo modo  que el “Cristo Lotero” (“del Otero”,  pero el pueblo lo llama “a su modo”…) cubre,   bajo su protección,  a  mi querida Palencia, — ¡tan  mal representada por Pablo Casado!–; o la Cúpula de San Pedro;  o el Circo Romano,   pero no veo nunca, una referencia a la “Cruz de Cuelgamuros”

Mi enojo tiene su explicación: ¿Cómo es que esa Cruz, ¡única en el mundo por sus dimensiones! y ¡por lo que representa!, no es conocida de los católicos del Mundo,  tanto o más que la misma plaza de Bernini del Vaticano, la popular Plaza de San Pedro?

Como católico bien informado, conozco perfectamente el martirio de los católicos japoneses, o la de los franceses –el P. Brébeuf y otros misioneros en  1649 a manos de los indios iroqueses–, pero está claro que los católicos del mundo desconocen esta verdad  de impresionante valor histórico:

El  número de santos mártires de  España –solo en los años 1934 a 1939—supera al de los habidos en las “diez persecuciones” de los tres primeros siglos.

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