¿Se va a permitir un proyecto delictivo?


“Nunca se vio con tal claridad la condición criminal del proyecto separatista y la gravísima responsabilidad de las instituciones españolas si lo aceptan”. 

Joaquín Torre (Quim-Torra, para ellos), nuevo presidente de la Generalidad catalana.

Por Xavier Carrió Jamilá / Un racista redomado llamado Torra, propuesto por un fugitivo de la Justicia y apoyado por una panda terrorista, cuyo discurso de investidura fue una burla al Estado, un reto a los jueces y una llamada al conflicto civil entre catalanes, va a salir con toda probabilidad investido President de Cataluña.  
Todo ello ante la desesperación de millones de residentes en Cataluña  que simplemente desean seguir siendo catalanes y españoles y un enorme enfado del resto de españoles. Nunca se vio con tal claridad la condición criminal del proyecto separatista y la gravísima responsabilidad de las instituciones españolas si lo aceptan. 

Rajoy y su socios constitucionalistas siguen empeñados en conseguir solo un candidato limpio para evitar nuevas elecciones,  van a permitir un gobierno de la Generalidad a cualquier precio, cuyo único programa es volver a las andadas y seguir con los disparates de su antecesor por lo que hay varias docenas encarcelados y otros huidos de la Justicia. Se limitó a decir que “no le gustaba” el discurso de Torra, pero que aguardaba a “sus hechos”, por lo que presumiblemente proseguirá adelante en un golpe de Estado que nunca fue abortado.

A partir de su nombramiento Torra va a tener a sus órdenes a un ejercito regular compuesto por 17.000 mossos armados y los CDR de cada pueblo para someter a quien se atreva a discrepar con sus propósitos. ¿Quién nos garantiza que una vez aposentado no se atreva a declarar la guerra a sus enemigos, los españoles?

Para restablecer la legalidad constitucional no basta con la elección de un “presidente limpio” de imputación penal. Es ridículo siquiera plantearlo, lo que es necesario es que no participe en forma alguna en hechos que, en su día, pudieran merecerla. Y lo cierto es que el señor Torra está siendo utilizado de manera instrumental en hechos muy posiblemente constitutivos de un delito de rebelión, que el Estado no puede tolerar.

Un Estado serio y democrático no puede aceptar, por comodidad, miedo o prudencia, una actuación fraudulenta contra su ordenamiento jurídico.
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