Hacer trabajar así al personal docente y al alumnado es un atentado a la dignidad.


“Con los 38º grados del domingo y los 37º del sábado,  nuestro centro era un cocedero; es decir, lo que llamamos un infierno descontrolado de calor”.

Fernando Rey Martínez, consejero de educación en Castilla y León.

Por Jesús Salamanca Alonso A propósito de la ola de calor y tras las estupideces que ha lanzado el consejero de Sanidad de Madrid me gustaría decirle que hubiera estado mejor calladito y disfrutando en su despacho del aire acondicionado.

Miren ustedes, señores imbéciles, gaznápiros y mediocres prebostes de la Comunidad de Madrid: Hoy, en mi clase, en Valladolid (ya sé que Pucela no pertenece a la comunidad de Madrid), de 12 a 14 horas, con veintiséis alumnas en el aula, todas mayores de dieciocho años, hemos aguantado pacientemente con abanicos (pero no de papel) hasta que faltando quince minutos, la delegada de curso ha planteado que no podíamos seguir así, por lo que hemos suspendido la clase; no está de más recordar que en nuestro centro, en lo que va de ola de calor, hemos tenido desmayos, vómitos, aturdimientos, llantos,…

Teníamos en el aula 34,6º: es un centro público de EPA, aislado en el barrio del Cuatro de Marzo, ningún edificio alrededor proyecta sombra sobre él. Grandes ventanales sin persianas (así construye la Junta de Castilla y León). Con los 38º grados de ayer y los 37º de anteayer nuestro centro es un cocedero; es decir, lo que llamamos un infierno. Hacer trabajar así al personal docente y al alumnado es un atentado a la dignidad. ¿Y qué podemos hacer los equipos directivos en estos casos? Pues sencillamente hacer uso del sentido común, imaginar una peineta a los prebostes de la educación, tragarnos sapos y culebras y escuchar al alumnado que, precisamente por ser adulto, no se deja manipular.

Antes de terminar quiero decir que es conveniente recordar al alumnado adulto (recuerdo a los lectores que este alumnado vota en las elecciones) que piensen en quién gobierna en su comunidad cuando lleguen las elecciones autonómicas, con el fin de orientar el voto hacia alguien más sensato y responsable que quienes nos gobiernan (o creen que nos gobiernan), despreciando a quienes nos han hecho pasar agobios en las aulas por los intentos de represión que llegan desde las consejerías más despreciables y desaprensivas. Con la ola de calor se han callado “como putas”.

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