El “despatarre” de la CUP


El “despatarre” es esa acción poco educada de algunas personas que, al sentarse, abren las piernas excesivamente, con tendencia a ocupar más sitio del que deben.

No son de la CUP, pero sí representan al extendido machismo de la izquierda. Pablo Iglesias e Íñigo Errejón despatarrados, invadiendo el sitio de la machirula niña-pija y asaltante de ‘La SER’.

Por Jesús Salamanca Alonso / Ya sé que despatarrarse es abrir las piernas  excesivamente, pero también tiene otras acepciones este verbo como es “caerse una persona al suelo con las piernas abiertas”. Recuerdo que de niño, cuando algo nos hacía excesiva gracia, solíamos decir que nos despatarrábamos o espatarrábamos; algo así como caerse al suelo y dejarse llevar como sintiéndose sin fuerzas. Ahora he vuelto a recordar aquella expresión cuando la CUP — esa formación catalana donde Anna Gabriel, su líder, hace juegos con los sobacos y las manos, acabando por oler éstas en busca de no sé qué – ha propuesto  la campaña contra el “despatarre”.

Quienes estamos ‘al loro’ de la noticia diaria, incluso así, la noticia sobre la campaña de la CUP puede llevarnos a ese despatarre, en el sentido de “descojonarnos de risa”, como se sigue diciendo por mi tierra y en todos aquellos lares donde se cultiva la recta expresión del castellano, sin rodeos y sin recovecos.

Los mismos que no se cortan en hacer caceroladas, insultar al adversario político y demostrar que su aportación a la política es nula, resulta que ahora se preocupan del “manspreading”. Sí, ese ‘palabroide’ es lo mismo que el “despatarre”; es decir, lo que conocemos como la acción poco educada de algunos hombres de sentarse con las piernas excesivamente abiertas, con tendencia a ocupar más sitio del que deben.

Ahora bien, de ahí a iniciar una campaña para evitar esa actitud en los transportes públicos, pues, sinceramente, me parece una exageración. Eso se corrige con educación y no con campañas, ni soflamas ni verborreas inútiles, de la misma manera que los efluvios que parten de Anna Gabriel y que se extienden por el parlamento catalán se resuelven con una ducha diaria, una buena dosis de jabón y aseo continuado. Ni que decir tiene que algún parlamentario de la Generalitat estuvo a punto de hacer una denuncia a la presidenta de la cámara catalana, solicitando una ubicación diferente. Hay fotos en la red con la mofa que eso trajo acarreado y con Anna Gabriel oliéndose sus propias axilas.

Y si me sorprende lo de querer hacer una campaña para cercenar esa actitud exagerada del “despatarre”, no menos me ha sorprendido escuchar lo de que esa campaña forma parte de “las políticas enfocadas a alcanzar la igualdad de género”. Aquí sí que la CUP ha alcanzado el culmen de la imbecilidad. Cada día estoy más convencido de que estas formaciones desprestigiadas gastan más tiempo y energía en hablar de los problemas, y de lo que no son problemas, que en afrontarlos. Así nos cubre el pelo.

Es verdad que, quien practica el “despatarre” en el transporte público, comete un claro abuso y el más perjudicado es el compañero de asiento – además de demostrar que es un mal educado e incivilizado– pero eso se resuelve con una mirada fija, una ‘cara de perro’ o una simple llamada de atención, con educación y con cortesía; nadie se resiste a cambiar de actitud ante un requerimiento así. Pero estas formaciones de la izquierda medieval solo ven perjuicios a la mujer (dicen que es quien más sufre la actitud del “despatarre” ¿?) porque las consideran erróneamente inferiores. Y me atrevo a decir que las consideran, también, tontas: como si la mujer de hoy no supiera defenderse o enfrentarse a un cafre abusón, desnortado y chulesco. Volvemos otra vez a los mil y un errores de pensamiento de la izquierda cavernaria, acomplejada y gaznápira.

Las campañas están para otras cosas. La ignorancia puede llevar a gastar dinero en una campaña contra el “despatarre” en lugares públicos, mañana otra contra las molestias que ocasionan los mosquitos trompeteros y, dentro de unas semanas, contra el fin de la campaña del espárrago de Tudela de Duero. 

Corten, señores y señoras ‘cuperos’, el espatarre y el despatarre con la pertinente llamada de atención, la educación desde casa y el civismo requerido para saber convivir. La CUP, como formación machista que demuestra ser, no debería aventar tantas estupideces porque su pretensión ha llevado a que se convierta en la diana de mofas, sarcasmos y pedorretas, además de burlas permanentes en las redes sociales.

Y para terminar, incurren en otra barbaridad. Insisten en cambiar la simbología de los lavabos de los edificios públicos para eliminar roles sexistas. Hablan de faldas para las mujeres y pantalones para los hombres: salvo escasos casos, se comprueba que esta gente hace años que no micciona o lleva a cabo otro tipo de necesidades fisiológicas en establecimientos públicos. No sé si pretenderán poner, como indicadores de los excusados, a la mujer con un  “kalashnikov” y al hombre con un matamoscas o bebiendo a chinguete, regilete,…. ¿Y a los híbridos?

Esta gente va a remolque de su propia estupidez y se han convertido en circenses inoperativos y mediocres en busca de la vulgar notoriedad que siempre precisa el izquierdismo radical populista, al más puro estilo del socialismo bolivariano y tercermundista. Ya decía Arthur Schmitzler que la fuerza del carácter con frecuencia no es más que debilidad de sentimientos y de pensamiento.

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