Urkullu debería ‘comprar’ más sentido común


Lo que se negocie para Cataluña debe negociarse para todas las comunidades autónomas.

Urkullu saluda a Mas en mayo en presencia de la mujer del lehendakari, Lucía Arieta-Araunabeña EL MUNDO

Urkullu saluda a Arthur Mas en mayo en presencia de la mujer del lehendakari, Lucía Arieta-Araunabeña. Foto robada al diario  EL MUNDO

Por Jesús Salamanca Alonso / Este hombre vive acojonado, a pesar de que ETA “duerme”. Me refiero al  lehendakari, Iñigo Urkullu. Es lo más parecido al Guadiana, tanto pronto asoma como se esconde y — como dicen en el País Vasco — es lo más superficial que puede llegar a presidente de algo; claro que, pensándolo bien, solo es lehendakari: exactamente igual que el presidente de mi comunidad autónoma.

Llegado a este punto, este remedo de presidente entiende que el juicio contra el expresidente de la Generalitat catalana, Artur Mas, y las exconselleras, Joana Ortega e Irene Rigau, es un día triste. Exactamente he desayunado con la expresión: “un día triste para la política”. Además entiende que es muy urgente un nuevo diálogo.

Hay cuestiones que no se entienden y que Urkullu tampoco parece entenderlas: se juzga a Arthur Mas por prevaricación e incumplimiento de la legalidad. No se le juzga por capricho o por actuar contra algo relacionado con Cataluña. Nos estamos pasando de castaño oscuro y eso se paga. Ya verán cómo y cuándo se paga.

No entiendo eso de abrir el diálogo para “ofrecer una vía legal y pactada” a los catalanes. La vía legal es la Constitución de 1978. Lo demás son ganas de incordiar y de meter el dedo en el ojo al Gobierno y a la ciudadanía y si, de paso, cae la pela pues mejor que mejor. Va a tener que redefinir la RAE el concepto “legal” porque cada uno lo aplica como le place, sobre todo las dos comunidades autónomas que se creen país, nación y Estado porque lo dicen sus estatutos, y alguien se lo consintió en su día, como se consiente que patalee el niño rebelde con tal de que se calle.

Hay algo que está claro en el concepto “legal”: si me favorece y se adapta a lo que quiero, entonces sí es legal, pero si no se adapta ni me beneficia, no lo es, y además hay que montar un escrache al Gobierno, a la Judicatura o a la Real Federación de Construcción de Botes Pequeños; lo curioso del caso es que no faltan apoyos para ese tipo de cosas. Y si supone presionar para obtener más fondos, pues miel sobre hojuelas. No es de extrañar el antagonismo entre las expresiones de la ‘tropa’ política catalana, “España nos roba”, y el sentir español de “Cataluña nos roba y, además, desequilibra las finanzas del Estado español”.

El caso de Cataluña se está saliendo de madre. No tiene por qué haber choque de trenes ni enfrentamiento entre maquinistas. Precisamente ni el tren ni el maquinista están del lado catalán. Ni siquiera cabe lo que en Cataluña llaman “negociación”. Lo que se negocie para Cataluña debe negociarse para todas las comunidades autónomas. Cuando los padres dan más a un hermano que a otro surgen las diferencias, las envidias y el malestar. ¡Ya está bien de que Cataluña abuse del FLA y se lleve el 32% del montante económico, mientras el resto se reparte el 68% restante. En este punto hay que preguntarse quién es el que desprecia la solidaridad interterritorial y quien roba a quién. ¡Manda huevos!

Quede claro que el juicio a tres representantes institucionales se lo han ganado a pulso. Es de sentido común que nadie esté por encima de la ley. Las barbaridades y las bravuconadas son de otra época. Entender la democracia y la convivencia democrática como un enfrentamiento es no haber entendido nada de nada. Y además, permanecer ciego a la realidad y a las necesidades del territorio en el que se gobierna o se da a entender que se gobierna.

En fin, desde mi punto de vista el sentido de la política no es buscar el enfrentamiento con el resto del Estado. El desacato es como la sedición: debe cortarse raíz para que no suceda lo que en el chiste del tren, el pastor y el cayado. Algo así como la necesidad de poner recto el árbol cuando se tuerce.

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