El infierno de ‘Podemos’


En la formación a la que nos venimos refiriendo ni siquiera comprobamos que exista base sustentante para un partido dispuesto a luchar y a construir.

Los podemitas, Errejón e Iglesias, en plena discusión en el Congreso de los Diputados.

Los podemitas, Errejón e Iglesias, en plena discusión en el Congreso de los Diputados.

Por Jesús Salamanca Alonso / Tenía que suceder y sucedió. Quienes eran –y de momento, siguen siendo– líderes de esa rara formación que surgió llamando casta a todo el mundo, están a la greña. Han conocido la dulzura de la poltrona y ahora se pelean por ella. Quieren el sillón a toda costa y por ello discuten, aunque no han aprendido a trabajar. Eso parecen ser palabras mayores. En los próximos días nos vamos a divertir con sus infantiladas. ¡Van a su bola, pese a España y a la ciudadanía! Semejante trance están pasando sus amigos en Cataluña y esa actitud está agotando al contribuyente, destrozando la comunidad autónoma catalana y retardando el progreso.

Trabajar, no trabajarán, pero los sueldos con los que se han encontrado hace que se crean los “dueños del infierno” y que acaben “llamando a dios de tú”. Incluso les ha generado una actitud de altivez que se ha convertido en odiosa y fantasiosa; no hay más que escuchar algunas de las barbaridades a las que nos tiene acostumbrados personajes del calado de la tal Rita Maestre, Zapata, Echenique, Iglesias o su barragana, ejemplo de nada y prototipo de farisea social, además de ‘pija desnortada’, en el decir de Ussía y en el sentir de sus propios compañeros de bancada.

Reviso la fotografía a la que antes aludía: dormidos como lirones; se conoce que no habían madrugado nunca para trabajar. Si acaso habían trasnochado, pero con ellos no se puede contar a lo largo del día, tal y como han declarado miembros de la formación que han salido huyendo por la dictadura que impera en ‘Podemos’. Decía Ramón y Cajal que “las ideas no duran mucho. Hay que hacer algo con ellas”. En la formación a la que nos venimos refiriendo ni siquiera comprobamos que exista base sustentante para un partido dispuesto a luchar y a construir. Sí por el contrario apreciamos una clara inclinación a romper, deshacer y alegrarse de ese “cuanto peor, mejor”.

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