El fin de los bonos


“Cuando los créditos empezaron a caer en default, el agujero que se generó fue tal que los gobiernos de países desarrollados tuvieron que salir al rescate”, según Martínez Burzaco.

BurzacoSiempre que estoy con un potencial inversor y me manifiesta su intención de empezar a invertir para hacer crecer sus ahorros, hago el mismo discurso:

“En los mercados de capitales existen dos grandes categorías de inversión: por un lado, las acciones (o renta variable), que ofrecen retornos muy atractivos pero sus riesgos son mayores; por otro lado, los bonos (o instrumentos de renta fija) que ofrecen retornos menores pero con riesgos más acotados.”

Esto lo digo siempre, no importan las características del inversor que tengo delante.

Se trata de la primera aproximación al mercado de capitales que le hago a esa persona. Sin embargo, dada la coyuntura actual, quizás ese discurso debe cambiar.
El cambio no debe venir por el lado de las acciones, ya que continúan siendo el activo financiero que más rendimiento promete en el futuro si uno está dispuesto a tolerar una mayor dosis de riesgo. La gran diferencia está en la categoría de inversión de bonos.

Para entender qué está pasando en este mercado en particular es necesario remitirse al año 2008, cuando explotó la gran crisis de las hipotecas en Estados Unidos. Te recuerdo que esta depresión tuvo su origen en la mega expansión del mercado de préstamos hipotecarios en ese país que llevó casi a la quiebra a los principales bancos del mundo.

La dinámica de la crisis es muy fácil de entender: las entidades bancarias daban préstamos a gente que no contaba con suficientes recursos para pagarlos, los bancos formaban instrumentos estructurados con esos préstamos, los revendían y traspasaban los riesgos. Cuando los créditos empezaron a caer en default, el agujero que se generó fue tal que los gobiernos de países desarrollados tuvieron que salir al rescate.

Pero no sólo eso…

Los bancos centrales tuvieron que bajar al mínimo los tipos de interés para reactivar la deprimida actividad económica. Esos ridículamente bajos niveles de tipos aún persisten y son los causantes del mayor descalabro de la historia visto en el mercado de los bonos.

Para entender un poco a lo que me estoy refiriendo, déjame explicarte cómo es el mecanismo de transmisión de las políticas de los bancos centrales a los principales instrumentos de renta fija.

Las autoridades centrales del mundo actúan sobre los tipos de interés y los rendimientos de los bonos a través de dos canales principalmente.

Por un lado, fijan el tipo de interés a corto plazo, que es la referencia para el resto de los tipos de una determinada economía. Si los tipos están bajos, existirá una presión adicional para que el coste del dinero a largo plazo también se reduzca.

Por el otro, han inyectado masivamente dinero en la economía a través de la compra de títulos en el mercado secundario. Cuando un banco central compra bonos, emite dinero para pagar los mismos. Y, por el otro lado, la demanda de esos bonos hace subir sus precios y reducir su tipo de interés.

La idea subyacente de todo este movimiento es simple: bajar los costes de financiamiento de la economía para motorizar la demanda y la inversión.

Sin embargo, desde la óptica del inversor, las consecuencias han sido fatales.

Rendimiento negativo

El gráfico muestra el retorno que ofrecen los bonos a 30 años de los principales países desarrollados de Europa y Asia. No hay un error en el gráfico ni esté invertido el eje. Lo que está viendo son rendimientos nominales negativos.

En términos simples, si pones tu dinero en un Bono Suizo, todos los años tendrás un 1% menos. Invierto 100 euros, al año siguiente tengo 99 euros. Tan simple como eso.

¿Se trata de una locura?

Depende de cómo se mire. Para los residentes de esos países, donde existe la amenaza de deflación, tener 99 euros al año siguiente puede representar más poder adquisitivo que los 100 euros de hoy si los precios de los bienes y servicios bajan a un ritmo más acelerado que el retorno negativo de los bonos.

Pero para un inversor extranjero, fuera de las áreas contaminadas por el flagelo de la caída general del nivel de precios, tener menos dinero dentro de un año por invertir en una opción segura no es un negocio del todo agradable.

¿Existen alternativas para los inversores más adeptos a la renta variable?

Es cierto que la caída de retornos se ha producido en todos los activos de renta fija del mundo por el efecto de extrema liquidez y bajos tipos de interés de los bancos centrales. Esta situación rige tanto para los bonos públicos, como privados.

Mi activo preferido en la actualidad para escapar parcialmente a esta realidad es el ETF iShares iBoxx $ Invst Grade Crp Bond (NYSE: LQD), un fondo que invierte en bonos corporativos de alta calificación crediticia.

Este fondo tiene una tasa de dividendo del 3,3%, que surge de los distintos cupones de interés de los bonos que componen esta cartera. Si bien no es un rendimiento desmedido, es casi 4 veces superior a lo que rinden los bonos soberanos mencionados.

Y si los tipos continúan a la baja, entonces veremos una apreciación de los precios de estos bonos corporativos con la consecuente ganancia para el inversor.

En épocas de “vacas flacas” para los bonos, hay que agudizar el ingenio.

A su lado en los mercados,

Diego Martínez Burzaco
El Inversor Diario

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