¿Quién, a estas alturas, no desea nuevas elecciones?


“Me atrevo a vaticinar que los resultados del 26J se parecerán a los del 20D como un huevo a una castaña”, dice Xavier Carrió.

El siniestro socialista, Pedro Sánchez, con el proterrorista, Pablo Manuel.

El siniestro socialista, Pedro Sánchez, con el proterrorista, Pablo Manuel.

Por Xavier Carrió / Tres meses y pico después de celebradas las últimas generales y a la espera del encuentro de esta semana entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, España se asoma al peor de los escenarios posibles: La formación de un Gobierno de coalición entre el PSOE y Podemos; un partido que cuestiona las bases del modelo constitucional del 78, incapaz de condenar el terrorismo liderado por un personaje más bien preocupante, contemplado con el añadido de una ensalada de siglas que incluye desde el nacionalismo de derechas enemigo declarado de la unidad de España hasta una extrema izquierda anticapitalista.

Mariano Rajoy parece haber arrojado la toalla desde el 20D y confía toda su suerte a unos nuevos comicios ya que ha pasado un mes desde el fracaso de Sánchez y no ha llamado  ni  a Rivera ni a Sánchez,  para intentar formar gobierno. Ante la perspectiva bastante probable de nuevas elecciones, ésta aparece como la tabla de salvación, ya que parece el único medio conocido razonable para disipar el punto muerto en que se halla la política española.
Decir a estas alturas que los intereses personales de los grandes capos de la política española priman sobre los generales; es decir, poco o nada, porque esa es una evidencia avasalladora desde hace semanas. Sus intereses y sus fantasmas, tal que el pánico a ser señalados como culpables de esta nueva segunda ronda que cada día se presenta como más necesaria para evitar males mayores. Es también el miedo a lo desconocido. 
Nadie sabe el precio que los votantes de Rivera le pueden hacer pagar por su alineamiento con el PSOE; nadie conoce la factura que el votante de derechas le va a pasar a Mariano por esa corrupción que parece no tener fin en Valencia y en Madrid; ni el propio Sánchez sabe siquiera si, con un Congreso de por medio, seguirá siendo el candidato del PSOE a esas nuevas generales. Es el miedo a lo desconocido de los líderes lo que apuntala la resistencia a celebrar nuevas generales.
Solo los enemigos de la libertad pueden tener miedo a las urnas. Es lo que conviene a España y a los españoles, para acabar de una vez con la hojarasca enervante de tanta frase vacía de contenido cuando no simplemente estúpida. Y se les llena la boca que los resultados de la misma serán igual de inmanejables que los actuales.
Una profecía: Para finales de junio habrán pasado 6 meses, una eternidad y habremos visto tantas cosas, habremos oído tantos disparates, se habrá retratado tanta gente, que me atrevo a vaticinar que los resultados del 26J se parecerán a los del 20D como un huevo a una castaña.
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