Un pacto… ¿para qué?


Alberto Rivera (C's) y Pedro Sánchez (PSOE)

Alberto Rivera (C’s) y Pedro Sánchez (PSOE)

Por Xavier Carrió / Tengo un sentimiento contrapuesto ante el pacto firmado entre Sánchez y Rivera, por un lado me alegré al descubrir que existían en este país dos personas capaces de ponerse de acuerdo en algo, estoy también mucho más tranquilo que hace una semana porque veo que la amenaza del coleta deseando ser el vicepresidente que manda y controla todo lo que se menea está cada vez más lejana, aunque estoy cada vez más asustado por si este pacto llega a prosperar y por un azar del destino es investido Pedro Sánchez presidente de este país. 

Tengo la impresión de que ni siquiera los propios Sánchez y Rivera y sus respectivos equipos negociadores son conscientes de la trascendencia de un Pacto que cambia el marco de una situación enquistada por el egoísmo de los líderes de los partidos y puede servir de revulsivo para terminar con la política de bloques si Rajoy sabe entender lo que está ocurriendo en su partido y en el resto de España y una vez rechazado no se pone a hacer política o bien su va a su casa definitivamente.
Pero hoy me he leído la entrevista a Pedro Sánchez que después de la votación de ayer se ha venido arriba y me ha dejado perplejo. Me da la impresión que estamos ante un Zapatero 2, capaz de una cosa y la contraria, ya que ha empezado a desgranar unos proyectos que no están incluidos en las 66 páginas del pacto que firmó con Rivera. 
Sánchez habla de una reforma constitucional que no aclara qué va a ser y según él puede abrir la posibilidad del derecho a decidir de Cataluña por la puerta de atrás, presume de que si gobierna obtendrá la derogación de la reforma laboral del PP que ha conseguido estos últimos años el relanzamiento de la economía y la reducción del número de parados. Que en ningún momento nada de eso puede salir adelante sin la aprobación del PP.
Rivera debería advertir a su socio que deje de hacer promesas imposibles que van en sentido contrario a lo realmente firmado, que en su momento no fueron acordadas, aunque sean simples mensajes de propaganda dirigidos hacia sus votantes bajo una amenaza cierta de que si Sánchez sigue por este camino, el pacto estaría roto antes de empezar a votarse. 
La realidad es que el PP ha dejado de ser la primera fuerza de la cámara porque 130 escaños son más que 123 y si ese pacto se mantiene inamovible, no tendrá el menor sentido que, tal y como ahora pretende Rajoy, el Rey le haga -tras los dos presumibles fracasos de Sánchez-, el encargo que él mismo se negó a afrontar cuando su mayor contrincante sólo reunía 90. Pero esto no va a servir de nada de momento, faltan más escaños para llegar a algo.
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