Grito por la libertad en Venezuela: “¡Renuncia, Maduro!”


Nacho Mendoza da una lección de democracia ante un multitudinario auditorio, al grito de “¡Renuncia, Maduro!”

Por Jesús Salamanca Alonso / Nacho Mendoza ha dado un paso al frente. A Nicolás Maduro le ha salido un forúnculo difícil de curar: Nacho Mendoza. Mendoza, aprovechando una actuación en Caracas, ha dado una lección de civismo, democracia, elegancia y paz. No se ha cortado ni un pelo al hablar de corrupción de las épocas de Chávez y Maduro; una corrupción en la que el principal director ha sido el déspota e hipócrita, Diosdado Cabello, político represor y militar, además de gobernador del Estado de Miranda, entre otros cargos represivos.

La actitud dictatorial del comunismo chavista ha llevado a Venezuela al desabastecimiento, a la ruina económica y al enfrentamiento social. Con Chávez y con Maduro, Venezuela se ha caracterizado por la protección a etarras, bandidos y por los pactos con terroristas, narcotraficantes y toda la mala ralea de la que es capaz de rodearse un Estado sin valores ni fines conducentes al bien común y con grandes cloacas de Estado putrefacto. En ello ha influido el actual “Podemos” español, cuyo mensaje transnochado, anticuado y dictatorial está sufriendo actualmente la torpeza de la ciudadanía española que no sabe escuchar y que carece de una base de formación y reflexión propia de nuestros tiempos.

Esa misma actitud ha llevado a la existencia de cientos de presos políticos, a la retención de documentación de venezolanos que llevan años residiendo fuera de Venezuela, a los asesinatos callejeros, a las peleas por comprar lo que no llega al país, a la ruina petrolífera y al desastre permanente.

Nacho Mendoza ha consagrado el grito guerrero venezolano: “¡Renuncia, Maduro!”. Un grito-consigna que se oye en todas las esquinas de pueblos y ciudades. Nicolás Maduro y toda su ‘tropa’ deben renunciar cuanto antes porque el Parlamento venezolano acabará liquidando un pasado de odio, asesinatos, ultrajes, expropiaciones, latrocinio de Estado y todo un sinfín de maldades muy propias del comunismo reaccionario y del socialismo trasnochado.

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