¡Esos “topos” olvidados!


¡De Miguel González a Santiago Marcos, pasando por cientos de ellos más!

Los "topos", esos hombres enterrados en vida.

Los “topos”, esos hombres enterrados en vida.

Por Jesús Salamanca Alonso / El caso más famoso y longevo fue el del alcalde de Mijas ( Málaga) conocido como el “topo de Mijas”. Fue el último alcalde republicano del Ayuntamiento de Mijas (Málaga) entre el 3 de marzo de 1936 y el 23 de noviembre de ese mismo año. Con el estallido de la Guerra Civil, huye del municipio, al que regresa de incógnito la noche del 17 de noviembre de 1939, iniciando un largo confinamiento en su propio domicilio que duraría 30 años.

Cuando el 28 de marzo de 1969, escucha en su aparato de radio la noticia de que el Gobierno había concedido el perdón para los delitos cometidos desde el 18 de julio de 1936 y el 1 de abril de 1939, toma la decisión de abandonar su encierro.

El entonces Alcalde de Mijas, Miguel González Berral, le acompañó a la Comandancia de la Guardia Civil de Málaga, donde escuchó del teniente coronel al mando lo que tantos años esperó oir: “es usted libre”. O el menos conocido el topo Santiago Marcos Marcos, el “topo de roales”. Permaneció oculto durante veintidós años: desde 1936 hasta 1958. Cuando se precipitaron los acontecimientos en julio del treinta y seis se encontraba en el mismo Coto de Solaviña.

Nadie supo, durante los veintidós años que permaneció “enterrado en vida”, en qué lugar se encontraba, excepto sus hermanos. Sólo con ellos tuvo contacto. Tres veces cambió de lugar: primero estuvo escondido en un pajar, después en un silo y, por último, en una bodega de diez metros cuadrado de superficie. Continuamente ‘circularon’ comentarios y se hicieron cábalas sobre su posible paradero; incluso, uno de sus hermanos contribuyó a extender un rumor que llevara a que en el pueblo se olvidaran de él. El rumor consistió en difundir que había aparecido ahorcado en una encina. “El topo de Roales”, como se le conocía en la zona, falleció a los 93 años y fue enterrado “sin curas ni sacristanes”. Algunos años antes había mandado construir su tumba, con una lápida presidida por una estrella de cinco puntas y la hoz y el martillo.

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