¿Quién barre la casa en “El Imparcial”? ¡Se hunde!


Luis María Anson, presidente de "El Imparcial" y joaquín Vila, director del mismo digital.

Luis María Anson, presidente de “El Imparcial” y joaquín Vila, director del mismo digital.

Por Jesús Salamanca Alonso / Debo confesar que siempre tuve a Luis María Anson como uno de los maestros del periodismo –fue el primero de su promoción en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid– al igual que aún tengo por ínclito enseñante e indiscutible maestro de la comunicación al ya tristemente desaparecido, D. Emilio Romero.

No pongo en duda la valía periodística del señor Anson, porque sería propio de un ignorante, cuando este humilde ‘juntaletras’ se considera un simple aprendiz, a pesar de los años que ya peinan canas. Otra cuestión bien distinta es la impresión que me causa actualmente su cargo. ¡Sí, sí, me refiero a su cargo de presidente del diario digital “El Imparcial.es”! Y, claro, algo parecido me sucede con el actual director, Joaquín Vila.

He tenido ocasión de seguir la elegante y caballerosa actitud de Ignacio Fernández Candela con respecto a lo sucedido en el digital citado y me sorprende que Anson siga mirando al tendido, callado, agazapado, ignorando lo que sucede a su alrededor. Se puede ser todo un caballero en la actitud, en el trato y en el desprendimiento propio de quien sabe lo que quiere, como es el caso de mi ínclito amigo, Ignacio F. Candela, pero no todo el mundo puede ser como Job. La paciencia tiene un límite y hasta el más ‘pintao’ se harta de las injusticias, del engaño, de la tergiversación y, sobre todo, de la traición o del desprecio continuado.

Ya decía Ignacio F. Candela en uno de sus escritos: “Decencia elemental, antes de aspirar a honores. No se trata a nadie de modo tan rastrero, salvo que la ruindad esté por encima de la básica prudencia y la elementalísima honradez”. Lo primero de una persona educada y formada y ser humilde, de trato elegante y consecuente.

Precisamente, al hilo del párrafo anterior, tras leer algunos de los artículos de F. Candela, me ha venido a la mente la forma de ser de un insigne histólogo portillano –mis coterráneos saben que me estoy refiriendo al Dr. D. Pío del Río Hortega—Precisamente por ser insigne era “sencillo, modesto,…de firme voluntad y una constancia inquebrantable”. Miren por dónde también Luis María Anson pensaba que era insigne, aunque en otra disciplina, pero ahora veo que no va asociado lo de ser humilde y elegante con lo de destacar en un campo del saber.

No me sorprende lo más mínimo la decepción por la que ha pasado Fernández Candela respecto a quien fuera muchos años director de “ABC” y después de “La Razón”, ilustre comentarista en televisión y muchos otros medios. Díganme si la siguiente reflexión no es para quitarse el sobrero. Doy fe que lo es, pero una vez leída también invita a quitarse el mismo y correr a gorrazos con él al destinatario de la reseñada reflexión. Vean si no es así: “Si este mundo es tan hipócrita como para dignificar sinvergüenzas disimulados, no creo en eso de los premios así los entregue un príncipe o princesa de España. A la realidad me remito que estos últimos cuatro años he conocido y tratado de tú a tú a la flor y nata de España en todos los ámbitos, y todavía soporto las náuseas que provocó la experiencia de advertir los bajos fondos sociales, los verdaderos, en la cúspide de la estupidez”.
Tampoco estoy extrañado de que F. Candela califique de “guarrada” la faena que le han hecho en “El Imparcial.es” Día tras día escribes en un diario y te hacen concebir esperanzas de algo más y, de repente, compruebas que te toman el pelo, recibes un trato inhumano, acompañado de una falta de ética brutal, te hacen mobbing y hasta desprecian tu trabajo.

No me hubiera dolido si me hubieran hecho una cosa semejante, pero me duele que se lo hagan a Ignacio. Por mi parte, hubiera mandado a Anson y al actual director a tomar vientos a la farola o allí donde nadie quiere ir, pero la elegancia mostrada y demostrada por Ignacio, así como su buen hacer y caballerosidad, no se merecen eso.

Si volara el retorcimiento de algunas personas, como el que tienen los mencionados personajes de “El Imparcial.es”, seguramente no nos daría el sol. En fin, una vez más me acuerdo de Romanones y su famoso: “¡Joder, qué tropa!”

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