“Si no estáis satisfechas, echaros un novio”


Ni siquiera, en el caso de muchas mujeres, saben que esa igualdad debe empezar por ellas mismas.

No hay lucha sin recompensa. Doy fe.

No hay lucha sin recompensa. Doy fe.

Por Jesús Salamanca Alonso / ¿Recuerdan a Penélope? Era la esposa del rey de Ítaca, Odiseo o Ulises. Con su infinita paciencia esperó, durante veinte años, el regreso de su marido de la Guerra de Troya. De todos es sabido que a Penélope se le considera como símbolo de la fidelidad conyugal. Aprender a defender los valores en los que cree cada uno es digno de reconocimiento y veneración.

De todos es sabido que, mientras Odiseo estuvo fuera, Penélope fue pretendida por múltiples hombres. Recuerdo los años de bachillerato cuando el profesor de Historia nos contaba que, con el fin de mantener su castidad ante la ausencia de su marido, ideó un plan o estratagema. Decía a sus pretendientes lo que querían oír; es decir, que aceptaría la desaparición de Odiseo y contraería un nuevo enlace cuando terminara de tejer un sudario, para utilizarlo cuando falleciese el ex rey Laertes. Hasta ahí todo bien, salvo que para ganar el mayor tiempo posible, procuraba deshacer por la noche todo lo tejido durante el día. No me extenderé, pero sí decir que justo en el momento en que Odiseo llega a casa, Penélope termina la labor. Lo que luego hizo Odiseo no nos interesa para nuestra vivencia y reflexión.

No tengo intención de extenderme con la mitología griega, pero sí viene a cuento para explicar cómo el trabajo que a diario hace mucha gente, otra mucha lo deshace por no saber enfocar la realidad y por no entender la lucha por la igualdad. Ni siquiera, en el caso de muchas mujeres, saben que esa igualdad debe empezar por ellas mismas. Esa falta de entendimiento, y el afán por deshacer lo hecho ha sucedido en la Unidad de Reparto nº 5 de Correos de Valladolid, en una reunión informativa sobre elecciones sindicales. Lo peor de todo es que ha sido promovida por uno de los sindicatos “mayoritarios”.

La ponente sindical que nos ocupa es una mujer para más señas y con más de diez años de liberación sindical; lo cual ya es un atropello al movimiento sindical y una actitud de acomodo, pues ha demostrado una carencia absoluta de visión de futuro, posición de presente y saber estar. El hecho de que sea mujer no tendría mayor transcendencia ni importancia si no fuera por la vulgar y estrafalaria respuesta que dio a un comentario crítico de una compañera, también mujer. Hace muchos años escuché a mi abuelo que cuando un tonto inicia un camino, éste se acaba y el tonto sigue andando. Pues bien, esa sindicalista tiene mucho de Penélope y del tonto que anda el camino.
Mi asombro ante la respuesta de la susodicha sindicalista es que, ante un planteamiento tan natural por parte de una de las asistentes, como “no estamos satisfechas con las explicaciones que dan los sindicatos”, no se le ocurre otra salida que decir: “Si no estáis satisfechas, echaros un novio”. Tal comentario –más de chascarrillo que otra cosa en un ámbito privado—puso de manifiesto lo mucho que falta a las mujeres para lograr el objetivo de la plena igualdad dentro de la sociedad actual. Mientras muchas construyen, otras muchas no se apean de la piqueta.

Mientras existan mujeres, y en los sindicatos hay muchas ‘igualitarias’ de boquilla, que sigan asumiendo roles, expresiones y planteamientos machistas –como la sindicalista que nos ocupa—será difícil avanzar con normalidad. Lo peor de todo es que ésta deshace sin sentido ni conocimiento; al menos Penélope tenía una razón y un compromiso de peso personal. Sindicalistas como la “nuestra” — simple ‘atropellacarros’ y parasitaria sindical– demostró que al soltar en público la estupidez antes reseñada está tirando piedras a su tejado y a su persona.

Hay muchos ejemplos como el aquí contado. Bien es verdad que, mientras alguien pueda pensar que es un grano de arena insignificante, también es cierto que tan solo es un ejemplo de los muchos que se ven a diario y de los que podrían contarse. Sea como fuera, el caso es que es un claro obstáculo para que esa igualdad anhelada se retrase un poco más. ¿Entienden ahora por qué he criticado, desde hace años, que el sindicalismo como el español ha dejado de tener sentido? Hace ocho años, en un blog personal, diseñé una sección conocida como “El burdel sindical”. Y a él remito al lector.

En principio, siempre pensé que el sindicalismo femenino estaba implicado en cuestiones de igualdad en general, equidad laboral, derechos de la mujer, lucha por mejorar las relaciones laborales y alcanzar la equidad salarial, pero…. ¡Ya veo que no es así! Estoy convencido que, ante este tipo de sindicalistas ‘bandoleras y fuleras’, el Conde de Romanones hubiera vuelto a soltar aquel clarificador mensaje que envió a los miembros de la Academia, cuando comprobó que no le habían votado, tras prometerle el voto unos días antes. Pues, sí… Lo dicho. ¡Joder, qué tropa”.

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