Cuestionando el Príncipe de Asturias de un extraño Anson


Luis María Anson, director de El Imparcial.es

Luis María Anson, escondido presidente de El Imparcial.es

Por Ignacio Fernández Candela / Decencia elemental, antes de aspirar a honores. No se trata a nadie de modo tan rastrero,  salvo que la ruindad esté por encima de la básica prudencia y la elementalísima honradez.

 Si este mundo es tan hipócrita como para dignificar sinvergüenzas disimulados, no creo en eso de los premios así los entregue un príncipe o princesa de España. A la realidad me remito que estos últimos cuatro años he conocido y tratado de tú a tú a la flor y nata de España en todos los ámbitos, y todavía soporto las náuseas que provocó la experiencia de advertir los bajos fondos sociales, los verdaderos, en la cúspide de la estupidez.
Pero, a decir verdad, tenía la esperanza de que entre muchos de estos ridículos ventajistas alguno se distinguiera por una constatable e indubitada honorabilidad. Me temo que así será imposible por esos actos que definen realmente a las personas. El presidente de El Imparcial.es, Luis María Anson, conoce a estas alturas los pormenores de esta guarrada que denuncio por su inhumanidad y falta de ética se mire por donde se mire.

A saber: en Marzo de 2014 me incorporo como columnista con la expectativa de que se valoren mis colaboraciones en el futuro. Después de escribir durante más de un año, a razón de artículo por semana, con calidad incontestable que sitúa mi trabajo en primerísimos posicionamientos de buscadores de Internet, posiciones que se mantienen al día de hoy, comienzo a percibir un desprecio en el trato que se va acrecentando hasta tomar carácter de Mobbing.

Cuando Anson anuncia que se va a cobrar se inicia una reestructuración que solo me afecta a mí y se boicotea abiertamente mi trabajo. Visito al Sr. Anson para explicar la situación ya que me constaba que habían existido movimientos a mis espaldas por parte de traicionera gentuza ajena al periódico.

Lejos de cumplirse la palabra de Anson de que no me preocupara, el director, Joaquin Vila, anuncia que se prescinde de mi colaboración esgrimiendo, con desfachatez rayana en la impudicia personal, las falacias de mi “escasísima calidad” y que no me lee nadie. Mentiras ruines que refuto con numerosas pruebas.

Exijo respeto o un pago por las colaboraciones aportadas-90 columnas- que están en primeros lugares siendo de lo más leído en El Imparcial.es-la verdadera causa recelosa de esta guarrada-, y recibo por respuesta el borrado de todos mis artículos y referencia personal en el diario digital.

No solo se aprovechan de mi trabajo con impunidad ignominiosa, sino que además me intentan destruir el ánimo vital desfondando mi autoestima. Una cerdada propia de puercos sin entrañas como se acostumbra en el Mobbing.

Luis María Anson parece lavarse las manos ante este atropello brutal. Su honorabilidad se va cuestionando a la espera de una reacción digna de un prohombre, cuyo silencio erosiona la credibilidad básica de un sencillo, con eso bastaría, hombre de bien.

Así se manifiestan testigos de esta insidia a la que no dan crédito y me lo comunican. Prefiero creer en la honorabilidad del Sr. Anson, pero la evidencia parece ser sólida si no hay una reacción con tintes de humanidad que hasta ahora no se produce. Mi paciencia se colma después de soportar gentuzas que no merecen mínima credibilidad de honradez. Anson, creo que todavía sí, aunque mi desgaste en la confianza es profundo. Es solo eso, hartazgo visceral de tantas inmundicias soportadas.

Le he considerado digno de respeto, pero no puedo evitar el coraje del recelo si da por bueno algo tan execrable. Veremos quién lleva razón.

Según Ignacio F. Candela: “Guarros son los que hacen guarradas”, diría Forrest Gump. Aparentemente honorable, ¿El Imparcial.es es un antro de explotación carente de moral y decencia? Escritos 90 artículos en casi dos años, posicionados en primeros lugares sin cobrar ni un euro, me echan después de estar sometido a un sutil y despreciable mobbing. A espaldas de Anson, presumo, mentiras y manipulación; no hay dignidad en El Imparcial. Pasen y conozcan la hipócrita condición de estos explotadores sin conciencia.

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