El Rubalcaba escondido en el debate electoral televisado.


Por Ignacio F. Candela.- Rubalcaba no es un contendiente preclaro en el combate dialéctico, siquiera es un convincente orador ante un electorado potencial. En las distancias cortas es mediocre estratega y zafio argumentador. Su fingida brillantez es alabada por los predecibles aduladores de partido, pero lo cierto es que Pérez Rubalcaba no ha representado hoy el éxito de las manipulaciones que en la sombra son tan efectivas como dañinas, mucho más ilimitadas que el ring del debate televisado en que no puede moverse a las anchas del poder político que es corriente generalizada de corrupción sin testigos.

Alfredo se ha quitado hoy los zancos que le hacían parecer un rival político de envergadura y ha quedado la bajeza real de un macarra malintencionado, acostumbrado a la marrullería y falso en sus actitudes como en sus argumentos peregrinos. Demostrada la simplicidad, la vulgar concepción personal de sus ruines mentiras, este candidato desmitifica el potencial de político veraz que loan sus correligionarios- en ese cúmulo de vulgaridad que convierte en excelencia lo miserable- siendo lo falaz muy tangible en la mirada inquieta de un poco elocuente roedor de afilados incisivos, eso sí, en el oscurantismo a puerta cerrada.

De este debate electoral llama la atención esa abisal diferencia entre el poder que reúne un Rubalcaba mistérico, sospechoso de múltiples actos delictivos;el conocedor de todos los secretos de los españoles a través de la red de escuchas de SITEL; el ministro del GAL, la cabeza visible de  las añagazas del 13-M y el responsable encubierto del caso Faisán… llama la atención ese contraste  de poder absoluto e impune con la indefensión aparente en el rol de candidato, cuando sólo puede usar como armas la estrategia dialéctica y la limpieza vigilada en el embate de la oratoria arbitrada.

Es abismal la diferencia entre un Rubalcaba desconocido del que se sospechan criminalidades como la alta traición, y el Rubalcaba pretendidamente allegado al pueblo como candidato presidencial. No cuadra. Rubalcaba, el verdadero, ha seguido escondido ante millones de ciudadanos y las cámaras de televisión.

Se nota que esa candidatura sólo puede ser defendida por el mismo responsable de los desaguisados de este septenio. Un intento perentorio de ampliar los plazos para culminar la estrategia trazada durante estas legislaturas con ETA en las instituciones democráticas, contra viento y marea constitucional, y no pocos secretos encubiertos del origen y desarrollo de estos ocho años de gobierno tan errático como presuntamente criminal entre cuyos delitos podría estar el de alta traición.

El peor enemigo del candidato Rubalcaba para no cumplir un programa oculto-del que ya asoma con evidencias su carácter delicuescente ante la opinión pública- no es el contendiente Rajoy ni que el PP  pueda convencer a mayores electores y propiciar la debacle socialista en buena lid política. Según lo visto estos años, el peor enemigo del desconocido Rubalcaba y de los responsables del PSOE que apestan a criminalidad en muchos aspectos, es la apariencia de normalidad democrática tan poco propicia  para convulsionar la sociedad y provocar las manipulaciones puntuales, con el objetivo de salvar los escollos electorales y seguir desarrollando un plan inicial del que ya conocemos tanto.

Viendo el desarrollo de la campaña nadie diría que hemos vivido años de disolución institucional generalizada, abocados a una ruina radicalizada por las actitudes aviesas de un gobierno falso y generalizadamente oscuro.

El peor enemigo del Rubalcaba verdadero, el manipulador, tramposo y manifiestamente criminal, consiste en la normalidad y es previsible que esa normalidad se convierta en convulsión de aquí en adelante. Por sorpresa, de un modo en que la reflexión no tenga cabida sino la reacción, la decisión por impulsos.

Las dos citas electorales del 2004 y 2008 fueron así y en ésta es mucho más decisivo el riesgo de no llegar para sellar el proceso de ingeniería político-social cuyas ambiciones están impulsadas desde ocultos motores , cuyo potencial demagógico hemos visto en acción de manera continuada. Quizá estemos ante la calma que precede a la tempestad y en los días post  electorales- si no en los antecedentes- la veamos aparecer y arreciar.

Con todos los daños infligidos, no es creíble que exista una decisión electoral que siga un cauce previsible. Demasiado se juegan muchos que lo han obtenido todo a raíz de un 11-M que fue el detonante de esa radicalización oportunista facilitada por Zapatero y auspiciada por no pocos que han recibido cumplidos pagos.

No creo en el Rubalcaba paupérrimo y resignado como candidato presidencial. Se mueve como las serpientes, escurridizo y camuflado, y el colmillo ponzoñoso no ha perdido su mortal efectividad aunque se muestre mudando la piel. Al tiempo, que en España hay de todo menos normalidad democrática.

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