«España al borde del abismo», como Grecia.


«España está al borde del abismo»

Nos acordamos de Charles M. de Talleyrand siempre que habla el fantasioso presidente del Gobierno español, Rodríguez Zapatero (ZParo, como le conoce la ciudadanía). Dijo Talleyrand que «la palabra se le ha dado al hombre para encubrir su pensamiento» que es, justamente, lo que acostumbra a hacer Zapatero siempre que habla.

No sólo ha generado desconfianza entre la ciudadanía, sino que a ello le han ayudado los sindicatos clasistas que conforman el sindicalismo vertical de la  España  ‘zapateril‘, a cambio de cientos de millones de euros que son justamente lo que nos cuesta esta gente a los españoles.

No entendemos cómo no interviene la Fiscalía Anticorrupción, cada vez más degradada por sus actos y por sus silencios. Por lo visto, para la ‘izmierda‘ vale todo y ahí está su empeño. Con otro Gobierno, los sindicatos estarían ‘apaleando’ ciudadanos por la calle y malmetiendo con sus piquetes de tergiversación y extorsión.

Y la prueba es que con casi cinco millones de parados, el sindicato vertical español CCOO-UGT se ha escondido, maltratando laboralmente al trabajador y haciendo desconfiar a los inversores. En estas dos últimas semanas han huido cientos de inversores del mercado español y, con la subida del IVA en julio, el panorama que se aproxima es de tremenda preocupación. Tocamos el abismo con los dedos, gracias a la irresponsabilidad del Gobierno y al desprecio  que muestra el sindicalismo vertical contra la clase trabajadora.

Ahí tienen el resultado de la ‘obra zapateril’: paro, desilusión, crispación, cierre de empresas, colaboracionismo entre el Gobierno más inútil de la democracia y el sindicato vertical. Inaudito y sospechoso, a la vez. Han demostrado ambos, Gobierno y sindicato vertical,  que no saben abordar la realidad y que han puesto a «España al borde del abismo», como se dice hoy en Europa.

En siete años de Gobierno, Zapatero ha bajado a España de los puestos de cabeza en economía a la tercera división económica. Con un agravante: su falta de planificación le ha convertido en la figura más ridiculizada del panorama mundial, hasta el punto de tratarle como el tonto de turno.

La conclusión de los mercados económicos y laborales es que Zapatero no ha hecho los deberes, profundizando en su ignorancia y en su dejadez permanente. Y es precisamente por eso, por lo que se le conocerá en la Historia de España. No solo sabíamos que era vago y perezoso, sino que ahora comprobamos que es la inutilidad hecha sonrisa tonta, además del hazmerreír de la España responsable y del mundo desarrollado.

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