“España está al borde del abismo”
Nos acordamos de Charles M. de Talleyrand siempre que habla el fantasioso presidente del Gobierno español, Rodríguez Zapatero (ZParo, como le conoce la ciudadanía). Dijo Talleyrand que “la palabra se le ha dado al hombre para encubrir su pensamiento” que es, justamente, lo que acostumbra a hacer Zapatero siempre que habla.
No sólo ha generado desconfianza entre la ciudadanía, sino que a ello le han ayudado los sindicatos clasistas que conforman el sindicalismo vertical de la España ‘zapateril‘, a cambio de cientos de millones de euros que son justamente lo que nos cuesta esta gente a los españoles.





Cuanto antes desaparezca el presidente Rodríguez Zapatero de la escena política, antes recuperaremos la credibilidad en todo mundo, la dignidad en el ámbito de la Unión Europea y la España del bienestar. 
Hoy nadie suele dudar que los ricachones del sindicato socialista se sienten una casta diferente. No les gusta relacionarse con los trabajadores, por si les infectamos la ilusión o el afán por trabajar. Han conocido un mundo que les era inalcanzable, e incluso para muchos era un mundo de ensueño, gozo, ocio y descanso.

El presidente del Gobierno ha defendido la capacidad de la presidencia española de la Unión Europea para liderar la salida de la crisis, incluso ha dicho que puede hacerlo tan bien o mejor que cualquier otro país de la UE, ya que España tiene unas estructuras sólidas y duraderas mayores que cualquier país de la UE.
Si Eurostat ha publicado que España es el país con más paro y mayores problemas de recesión de la eurozona, el presidente Rodríguez no debería sorprenderse de que los españoles no le consideremos capaz de resolver la problemática de la crisis, el paro, la recesión y el abandono a los sectores más necesitados, mientras aumenta un diecisiete por ciento el sueldo de sus seis centenares largos de asesores que, dicho sea de paso, más que asesores son descuartizadores de la realidad y saltimbanquis del sentido común, por no decir reconocidos ‘catedráticos de la estupidez’.





- Paquito, ¿de qué trabaja tu papá?
















































































































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