
Ex juez Garzón, un peligro público en la Audiencia Nacional.
“El pasado 27 de mayo el Alto Tribunal hacía público un auto en el que admitía a trámite la querella interpuesta a priori por el sindicato Manos Limpias, a la que a posteriori se sumó la asociación Libertad e Identidad y la Falange -actualmente, expulsada del proceso- por declarase competente para investigar la Guerra Civil y el franquismo, saltándose la Ley de Amnistía de 1977.
El delito de prevaricación, tipificado en el artículo 446 del Código Penal, consiste en dictar resoluciones injustas a sabiendas de que lo son y es, según múltiples juristas, el hecho delictivo más grave que se le puede imputar a un juez respecto al ejercicio de sus funciones.

Abunda el fraude en los burdeles sindicales, donde los liberados campan a sus anchas, mientras el empresariado tiene que abonar su nómina, costes de la Seguridad Social, derechos pasivos, vacaciones y pagas extraordinarias. Pero todos esos abusos no parecen importarle al Gobierno socialista. Su objetivo es dañar a toda costa a funcionarios y jubilados; precisamente, los menos culpables de la crisis.




Si hay una figura denostada por la ciudadanía, esa es la de los liberados sindicales. Una figura desgastada y procedente del absentismo laboral, además de los intereses particulares de quienes genuflexionan ante el sindicalismo vertical. Decía Franklin que “la constancia logra las cosas más difíciles”; por eso en ello nos empeñaremos y nuestro objetivo es alcanzar la luz. Sin duda, esa resplandecerá. Ya va siendo hora de que los vagos, maleantes, caraduras, fantasmas y voceros pongan su grano de arena a producir. Si la crisis la vamos a pagar los funcionarios, en vez de pagarla el ámbito privado, no se consiente que nadie esté con las manos paradas. Y menos aún los sindicalistas que, hasta el momento, han vivido cara al sol.
Al “tonto contemporáneo” le ha sucedido lo que a los pollos de la foto. Desde que hizo el anuncio de atracar a funcionarios y jubilados empezó a cavar su propia fosa política. Pretende dañar a quienes más han sufrido los vendavales económicos de los últimos años, en vez de trasladar el atraco-recaudación a la empresa privada, que es quien ha socavado las estructuras de la economía. Recuerden las ayudas a la banca y al sindicalismo vertical unificado, (CCOO-UGT), mientras Cáritas se veía obligada a hacerse cargo de los dos millones de pobres de solemnidad repartidos por el territorio nacional.














































































































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